Fue una escapada rápida a Granada, era imperdonable que no la conociera, así que planeamos ir sábado por la mañana y volver domingo, no eran más que tres horitas de coche, pero Marijose en el último momento como hacía muchas veces, se arrepintió y se "indispuso"; se lo perdonaba porqué eran muchos años los que la conocía, y ya no merecía la pena tomarselo en cuenta. Me encontré en la disyuntiva de ir o quedarme, no me gusta viajar sola, será una tontería pero la idea de viajar la asocio a compartir. Pero aquel día me levanté, cerrá la pequeña maleta y monté en el coche.
Apenas llegué al hotel, salí disparada a visitar la Alhambra, Era un día esplendido de septiembre, sol sin demasiado calor, ya podía oler el azahar. Fue en la torre de la ladrona donde Estebán, al que había visto desde el inicio de la visita, aprovecho para acompasar su paso al mio e inciar una pequeña conversación
- No me importaría fueras mi cautiva en esta torre - , se rió ante mi cara de sorpresa,
- tranquila, sólo era una excusa para acercarme a tí, no creo que una mujer como tú debiera pasear sola por la Alhambra, tienes cara de ser primeriza, el asombro se ve en tus pupilas, y las hace más profundas -
- Así que eres un guía espontaneo -
Estebán era granadino, habían venido unos amigos y era visita obligada llevarles a La Alhambra, me invito a unirme a ellos ya que estaba sola, y acepté, era simpatico, aunque me advirtió de su "mala follá".
Al acabar el recorrido, Estebán se acercó a mi oído
- Cuanto más se contempla la Alhambra, más se tiene la sensación de que el ideal de los árabes era vivir sobre un jardín. No puedes irte sin deambular de noche por estos jardines, te espero a las 22.00 -
Ciertamente no tenía mejor plan, así que allí estuve a la hora acordada.
Estebán era un buen conversador, y resulto un excelente guía, que iba explicando cada detalle, lo cierto es que la visita resultó mágica, el sonido del agua, las risas en la sala de los secretos, cuando me dijo vete a aquella esquina y pude escuchar,
- me alegra haberte encontrado, mujer de pupilas profundas, vete preparando para el beso que te espera frente al paseo de los tristes-,
Fue un fin de semana especial, y especial fue la noche, tanto que acordamos volver a vernos.
Estebán vino a mi ciudad, ya era octubre, y los días se regodeaban con el calorcillo poniendoselo dificil, no se muy bien porqué pero todo fue distinto, si en Granada, nos rodeo un velo de romanticismo, aqui nos rodeo uno de lujuria, y practicamente apenas salimos de la habitación que Esteban había reservado, la cual abandomanos el domingo a las 12 en punto, con todavía el deseo soltandose de nuestros cabellos.
Comimos en un restaurante entre naranjos un excelso arroz, y el vino nos llevo de vuelta a los entresijos del deseo, así que en un alarde de espontaneidad, Esteban se aventuró a meterse por los caminos de los naranjales.
- Quiero llevarme tus braguitas - me harté a reir cuando escuché aquello, pero vi en sus ojos que lo decía en serio, y me dejé llevar por la locura del "jovenzuelo" de Esteban, que sin querer me estaba haciendo sentir como una veinteañera.
La noche cayó, era hora de marchar, pero algo nos iba a retener, un par de ruedas atascadas en medio de un barrizal, en el que con el impulso y las prisas no habíamos reparado, no había quien moviera el coche, y lo peor era que no teniamos ni idea de donde estabamos. Así que bajo la luz de la luna, que afortunadamente nos alumbraba, empezamos a deshacer camino andado, con algún que otro tropiezo, y alguna vuelta de más, entendí la "mala follá" de Estebán, yo había decidido tomar a risa aquella pequeña aventura, pero él no.
Cuando conseguimos salir a la carretera, fue todo un logro conseguir explicar al conductor de la grua donde estabamos, y llevarle de vuelta hasta el coche, en Estebán se iba incrementando el mal humor, al fin encontramos el coche, y no sin esfuerzo, la grua consiguó sacarlo de allí.
Para aliviar la tensión Estebán iba contandole al conductor que no conseguimos dar con el chalet a donde nos dirigiamos, a lo que éste no contesto nada, tan solo cuando el coche estuvo desenganchado se agachó y colgando de un dedo, trajo mis braguitas,
- esto debe ser suyo -
Mi carcajada amortiguó el soplido que dió Esteban.
La cara del conductor no tenía precio, para los 300 euros de la factura Mastercard...
Sobre este palacio de peregrina belleza, brilla la grandeza del Sultán.
Brilla su belleza y sus flores,
la lluvia de las nubes le cubre generosamente.
Las manos de sus creadores bordaron en sus lados
bordados que parecen flores de jardín (...)
Ibn al-Yayyab